miércoles, 19 de septiembre de 2007

Chinerias y otras Chorradas


La primera vez que visité china fue en el año 2005. La primera impresión al salir del aeropuerto de Shanghai fue "este calor me va a matar y ahora no puedo volverme atrás". Quedaban 17 días más y debía de calmarme, no podía agobiarme nada más entrar en el país. La solución fue sencilla, a la vez que práctica y reveladora, me acordaba de mis malos momentos en el Camino de Santiago en el que sólo tenia dos opciones: Caminar, o seguir caminando hasta llegar al próximo destino y dormir al raso o en una litera de un albergue. En China las opciones también se redujeron a dos: Aguantar, o seguir aguantando hasta llegar al hotel, eso si con todas las comodidades. En fin en el 2005 me toco tragar calor y humedad. En los posteriores viajes del 2006 y en del 2007, hizo calor si, pero fue mucho más llevadero y no sufrí tanto el calor y la humedad ¿Seré yo que me estoy achinando?
Como dije al principio, en el 2005, era la primera vez que subía a un avión, después ya perdí la cuenta de cuantos vuelos llegué a tomar, era la primera por lo tanto que estaba tan lejos de casa, a veces me sentía como un hobbit ya que casi nunca había salido de mi pueblo natal y de repente tantas vivencias en un mundo tan diferente del que conozco habitualmente y sin embargo, esa diferencia, es lo que más me atrajo de China.
Esta encantadora foto en la que estoy posando con garras de "Fumanchú" me la hice justo al lado del templo del caballo blanco cerca de Luoyang. A pesar del calor agobiante de aquel año todavía nos quedaba humor para hacer el chorras, mientras, el guía nos gritaba que volviéramos al autobús. Claro al guía ya se le hacía tarde para llevarnos a la próxima fábrica de la cual se iba a llevar una comisión por las compras que realizáramos. Tanto costó meter la mano en tan prodigioso guante férrico para escarbar la cera de los oídos o sacarse un ojo a uno mismo en un descuido, que bien se merecía una foto y que el guía esperara un rato más.